Creo que lo primero por lo que odio a el tipo de animal, fue cuando un día mi abuelo, en un rancho que tenía en Puebla, con poca ayuda mató y quemó como a ocho, con veneno o no; importa poco. El cuerpo largo, con el ojo que no parpadea, y la lengua que me recuerda un aguijón. No puedo olvidar nada porque, en aquel viaje también, ocurrió que en una caminata, un primo, creyéndolo cómico, metió un animalito (una culebrita) en mi pantalón. ¡Ah qué horror! Moviendo el cuerpo entre mi pierna, llegando a la pantorrilla, yo lo único que puede... nada, deje que cayera a la tierra y ella impelida huyó por entre un matorral.
¿Por qué no tienen mano, pierna? ¿Por qué tienen únicamente cuerpo? Lo ligero del movimiento del cuerpo: reptante. Me imagino que pueden meter el cuerpo en cualquier lugar incluyendo mi garganta, habitar una tripa y de ahí por mi ano; ya cuando me devoren interiormente. O ya veo alguna en el tubo que baja del baño, inmóvil para que en un olvido, de un rápido movimiento me arranque un dedo, me muerda y me inyecte el veneno, finalmente ya enrollada en mi cuerpo clave en mi garganta la mandíbula que impida un grito.
El miedo tan brutal, tan fuerte: con oír cualquier ruido igual al que la lengua emite, tiemblo pero no me muevo ni una pulgada, todo por el temor de que a mi lado haya una. Me ocurre en cualquier lugar, no importa que la probabilidad anule el encuentro. Cuando voy a otro lugar fuera de mi hogar, me doy cuanta que toda la gente habla con lengua bípeda cada que pueden. Imagino que la gente cambia el cuerpo entero en una, que apea todo el tubo-cuerpo frente a mí, que el cráneo toma la forma de flecha, que un colmillo le brilla por entre el labio de arriba, y en el momento en que dejan de parpadear y la pupila la convierten en rajada vertical, momento en que aprieto el párpado derecho y el del otro lado fuerte, para ya no ver. Por lo que en la calle voy con un tapón de algodón para cada oreja, lo que impide el cambio por un tiempo. Tampoco puedo alejarme mucho del hogar; tarde o temprano veo alguna forma que me recuerda mi enfermedad.
¿Por qué no tienen mano, pierna? ¿Por qué tienen únicamente cuerpo? Lo ligero del movimiento del cuerpo: reptante. Me imagino que pueden meter el cuerpo en cualquier lugar incluyendo mi garganta, habitar una tripa y de ahí por mi ano; ya cuando me devoren interiormente. O ya veo alguna en el tubo que baja del baño, inmóvil para que en un olvido, de un rápido movimiento me arranque un dedo, me muerda y me inyecte el veneno, finalmente ya enrollada en mi cuerpo clave en mi garganta la mandíbula que impida un grito.
El miedo tan brutal, tan fuerte: con oír cualquier ruido igual al que la lengua emite, tiemblo pero no me muevo ni una pulgada, todo por el temor de que a mi lado haya una. Me ocurre en cualquier lugar, no importa que la probabilidad anule el encuentro. Cuando voy a otro lugar fuera de mi hogar, me doy cuanta que toda la gente habla con lengua bípeda cada que pueden. Imagino que la gente cambia el cuerpo entero en una, que apea todo el tubo-cuerpo frente a mí, que el cráneo toma la forma de flecha, que un colmillo le brilla por entre el labio de arriba, y en el momento en que dejan de parpadear y la pupila la convierten en rajada vertical, momento en que aprieto el párpado derecho y el del otro lado fuerte, para ya no ver. Por lo que en la calle voy con un tapón de algodón para cada oreja, lo que impide el cambio por un tiempo. Tampoco puedo alejarme mucho del hogar; tarde o temprano veo alguna forma que me recuerda mi enfermedad.
El único problema que de verdad me preocupa: me inquieta mucho no poder hablar en plural.
